Traigo un poco de todo guardado aquí, dentro, en silencio. Se mece y se altera, fluye, recorre despacio un camino oscuro.
Tiempos muertos se suceden, mecánicamente.
No hay entrada, no hay salida, no hay nada: está vacío, pero no hay espacio.
Quise marcar las pausas en cada encuentro; sonreí, soñé, bailé con cada sombra más de una vez. No fue suficiente.
Nada es suficiente.
Estoy en un mundo, una caja, oscura, interminable, solitaria. Tan familiar y desconocida...
Torrentes salados traen a la memoria un sueño monocromático. Era otra época, una sin tiempo, en la que el movimiento no existía. Abrir los ojos no hacía diferencia alguna, nada era real, no existían verdades ni certezas. El día y la noche no se conocían.
¿Era posible?
Por supuesto. Estuve allí.
Fui invitada de honor en las andanzas que se dieron, mas sólo se me permitía mirar. Caminábamos, sin ir, por túneles larguísimos, idénticos entre sí. Caminábamos, yo y mi sombra, sin movernos de nuestro sitio.
El mundo se caía alrededor, o quizás florecía entre dulces notas de violín.
Tal vez ya no había mundo.
Traigo un poco de todo guardado aquí, dentro, en silencio.
Y se está desbordando.
marzo 26, 2015
marzo 25, 2015
Minutos de hielo.
Quisiera silenciar el mundo por cinco minutos, y hacer eterna la libertad en mi mente, dejarla volar y apoderarse de todo. Sí, de todo, hasta transformarlo en algo suave y cubierto de renovada ilusión.
Por alguna razón, esta escalera comienza a ras de suelo y sigue bajando, llevándome entre recuerdos y esperanzas frustradas, dándome una probadita de fría realidad.
Puede que el mundo de los sueños no sea más que una parte, pero eso no significa que haya que subestimarlo; en él residen las bases de todas las maravillas. Cuando la fantasía y la realidad chocan, en una explosión de colores y música ensordecedora, la esencia de lo imposible se hace a un lado un momento, tan sólo lo justo para dejarle paso a una mano creadora que va saliendo de su cama, aún con ojos soñolientos, pero preparada para comenzar su faena.
Gritos y voces frívolas, castillos de naipes sumergidos en vinagre, un trozo de chocolate derritiéndose sobre la mesa.
¿Qué sentido tienen esas palabras?
Las imágenes incoherentes cobran vida en la sonrisa de un niño, y entierran un poco más la imaginación de aquel adulto estancado entre la razón y el deber.
No quiero renacer de mis cenizas, que para eso me duermo, y ya está.
El callejón de la próxima esquina se detiene a medio camino, preguntándose a dónde va esta suerte de escritura, qué pretende esta niña que juega a crecer en un mundo manchado.
¿De qué sirve?
La curiosidad hace una zancadilla al sentido común, y se aventura, desesperada, hacia el infierno helado que parece presentarse.
¿Cómo pintar un mural inexistente?
Nieve granulada entorpece mi camino.
Y vuelvo a ser yo, y no el mundo, el centro de mi atención y mis esfuerzos.
Por alguna razón, esta escalera comienza a ras de suelo y sigue bajando, llevándome entre recuerdos y esperanzas frustradas, dándome una probadita de fría realidad.
Puede que el mundo de los sueños no sea más que una parte, pero eso no significa que haya que subestimarlo; en él residen las bases de todas las maravillas. Cuando la fantasía y la realidad chocan, en una explosión de colores y música ensordecedora, la esencia de lo imposible se hace a un lado un momento, tan sólo lo justo para dejarle paso a una mano creadora que va saliendo de su cama, aún con ojos soñolientos, pero preparada para comenzar su faena.
Gritos y voces frívolas, castillos de naipes sumergidos en vinagre, un trozo de chocolate derritiéndose sobre la mesa.
¿Qué sentido tienen esas palabras?
Las imágenes incoherentes cobran vida en la sonrisa de un niño, y entierran un poco más la imaginación de aquel adulto estancado entre la razón y el deber.
No quiero renacer de mis cenizas, que para eso me duermo, y ya está.
El callejón de la próxima esquina se detiene a medio camino, preguntándose a dónde va esta suerte de escritura, qué pretende esta niña que juega a crecer en un mundo manchado.
¿De qué sirve?
La curiosidad hace una zancadilla al sentido común, y se aventura, desesperada, hacia el infierno helado que parece presentarse.
¿Cómo pintar un mural inexistente?
Nieve granulada entorpece mi camino.
Y vuelvo a ser yo, y no el mundo, el centro de mi atención y mis esfuerzos.
Apertura.
El principio de la aventura nos es impuesto por las circunstancias en que llegamos al mundo. Somos incapaces de elegirlas y, por ende, somos situados en un ambiente viciado, que nos moldea a su antojo, que no nos deja decidir en qué rol vamos a jugar.
Porque el inicio se convierte en problema, en la raíz que nos une a un destino ya dispuesto para nosotros.
Sin embargo, una vez que el viajero aprende a ver tras las rejas de su prisión, de una forma u otra arranca los barrotes, para experimentar por sí mismo los desastres y placeres que entorno le ofrece, viéndose, por fin, libre de su cautiverio.
O creyéndolo.
Porque el inicio se convierte en problema, en la raíz que nos une a un destino ya dispuesto para nosotros.
Sin embargo, una vez que el viajero aprende a ver tras las rejas de su prisión, de una forma u otra arranca los barrotes, para experimentar por sí mismo los desastres y placeres que entorno le ofrece, viéndose, por fin, libre de su cautiverio.
O creyéndolo.
Recuerdos de un día.
Espacios de tiempo repartidos por el entorno, cada cual centrado en su propia constelación de decisiones y oportunidades. Colores que se mueven de una esquina a otra, buscando incesantemente la esencia que los identifica, tratando de lanzar el sonido correcto, de dar en el blanco.
Una suerte de fría corriente emana del centro mismo de la existencia, impulsa a recorrer los caminos inciertos del espiral carente de sentido al que han sido introducidos, sin su consentimiento, y, peor aún, sin posibilidad de escapar.
Una suerte de fría corriente emana del centro mismo de la existencia, impulsa a recorrer los caminos inciertos del espiral carente de sentido al que han sido introducidos, sin su consentimiento, y, peor aún, sin posibilidad de escapar.
Como prefieras verlo.
Hay un escondite secreto en el cielo, a la vista de todos, pero invisible a los ojos comunes.
¿Lo conoces?
Oh, es una lástima...
Es, ciertamente, un refugio muy acogedor; un cobertor de sueños, empapado en inocencia, que se entrega por completo a la imaginación.
Nubes, les llaman.
Mas a mí me gusta verlo como un lienzo en blanco, listo para ser reflejo de mi transitorio ánimo.
¿Lo conoces?
Oh, es una lástima...
Es, ciertamente, un refugio muy acogedor; un cobertor de sueños, empapado en inocencia, que se entrega por completo a la imaginación.
Nubes, les llaman.
Mas a mí me gusta verlo como un lienzo en blanco, listo para ser reflejo de mi transitorio ánimo.
Si me lees.
Un día sin fin, sin sentido, sin música.
Un día de otoño, decidí despertar.
El cuerpo entumido suplicaba movimiento;
la consciencia se abría como una flor.
Un día callado, grisáceo, en secreto.
Un día, sin más, salí a caminar.
De un salto me sacudí quinientos pesares;
con una sonrisa borré quinientos más.
Ahora duermo, es cierto, pero no es agravante.
Ahora duermo, y sueño, para después reiniciar.
No hay prisa, no hay llanto, no hay temor.
Ahora duermo, es cierto, pero te veo y me ves.
Y un día de estos, volveré a pasar.
Un día, una noche, te voy a encontrar.
Quizás, mañana.
Un día de otoño, decidí despertar.
El cuerpo entumido suplicaba movimiento;
la consciencia se abría como una flor.
Un día callado, grisáceo, en secreto.
Un día, sin más, salí a caminar.
De un salto me sacudí quinientos pesares;
con una sonrisa borré quinientos más.
Ahora duermo, es cierto, pero no es agravante.
Ahora duermo, y sueño, para después reiniciar.
No hay prisa, no hay llanto, no hay temor.
Ahora duermo, es cierto, pero te veo y me ves.
Y un día de estos, volveré a pasar.
Un día, una noche, te voy a encontrar.
Quizás, mañana.
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