diciembre 04, 2015

Filtración.

Supongo que a veces sólo estás quebrado.
Todo parece meterse dentro, en exceso, sin distinción. Desde lo cotidiano a lo profundo, detalles se abren camino a mordidas por la piel, y hieren, y arden, dejando fuera cualquier alivio. Algunos van en silencio, no menos dolorosos, te arrancan nuevos trozos y presentan el vacío como hogar a nuevas penas.
Claman atención, a su desesperada manera.
Y, por momentos, pueden contigo.

julio 07, 2015

Bucle.

No logro crear sin las manos manchadas.
Yo deseaba hacer maravillas, sacar hasta del polvo algo digno de contarse, y me encuentro incapaz de sacar algo de mí que no haya probado sal.
Se repite mi tortura, se repite incesante, se repite como si fuese original de su parte hacerlo.
Ya no sé si me golpea la realidad, o la certeza sin argumento, o la vida, o el karma, o todo, o nada.
Ya no sé si me golpea algo, pero me quema la piel por el contacto.
Se repite.
Se repite.
Se repite.
Se repite y se repite.
Mis ojos aún no ven las estrellas con las que sueño, tras mis lágrimas hay cientos de sonrisas, tengo fuerzas, poseo la esperanza suficiente para creerme esta locura.
Pero se repite.

mayo 21, 2015

Madrugada.

Ya no sé si el frío es real, o si lo estoy creando. Se ve todo tan vacío, no distingo mi risa en la oscuridad. Tal vez la imagino.
Parezco una irritante contradicción, envuelta en inquieta calma.
Anhelar no sirve, esperar es una vía sin retorno, actuar muestra consecuencias que paralizan. Se me llena el alma de tibios y diminutos fantasmas translúcidos.
El amanecer no ofrece nada tentador.
Estoy hecha de palabras invisibles, mi refugio es negro, o rosa, o gris; resquebrajado, sin duda. El calor fue una ilusión manchada de incertidumbre.

mayo 14, 2015

Semi epifanía.

La culpa no debiese ser si no hay daño, víctimas, errores, o consecuencias. No debería presentarse. Pero aquí está, doliente insomnio, marcando con excesiva rudeza los latidos. 
Me torturo en vano, lo sé, nadie va a reclamarme nada; poseo teórica libertad...
Es en esa débil posibilidad de equivocación donde radica mi tristeza. A mí me devastaría, pero ¿quién dice que no sucede? Ignoro esa realidad, y lo prefiero; sin embargo, lo más probable es que se dé. Soy consciente, es lo normal.
Aunque no me hace menos desgraciada.
He traicionado mis sentimientos incontables veces, con idéntico resultado. Sí, lo detesto. Y sólo aumenta mi sensación de completa soledad.
No quiero hacerlo más, pero no soy detenida. ¡No hay quién se interese por dicha situación! 
Es una certeza ácida.
Que en realidad soy únicamente yo la que lo lamenta, y que a nadie afecta lo que haga o deje de hacer. Hasta, a ratos, quisiera ser condenada, juzgada y sentenciada, con tal de tener importancia en su mundo.
No pasará.

mayo 01, 2015

De ser posible.

Si bien no llevo la cuenta, podría asegurar que las veces en que me ha salvado es mayor a lo que imagino. Olvido con demasiada frecuencia lo que es salir del mundo en que estoy, lo sencillo que es, lo bien que se siente. Escalar elevadas laderas en tardes de sol, sentir la furia de los torrentes helados, cerrar los ojos en mitad de un prado, con la brisa cosquilleando en el cuerpo. Y tengo certeza al decirlo: me iría. No negaré que le daría un par de vueltas, como a todas las cosas, pero acabaría por ir. No siento raíces ni lazos. No tengo, o los ignoro. No me sirven.
Frustrante es una palabra que no alcanza a describir lo que es saber que no vendrán por mí. No, no hay salida. Pero hay ventanas.

abril 28, 2015

Anhelo.

Vivir no debería ser tan duro.
Las lágrimas no deberían caer tan fácil.
Todos deberían poder ser salvados. Ayudados.
Hay gritos de auxilio por todas partes. ¿Por qué no podemos hacer nada?
Se me hace insoportable.
"Quiero cambiar el mundo."
No quiero darle razón a quienes no han creído en mí. Ingenua, inocente, viviendo con la cabeza en las nubes, han dicho. No me importa, porque no creo que sea de esa manera.
Pero, ¿qué hacer?
Quiero llegar a todos, a cada ser, ayudarlos. Sí, quiero cambiar el mundo; salvarlo.
¿Es imposible? No quiero pensar así.
Todo lo que poseo es esta determinación. Carezco de medios para lograrlo, no tengo talentos ni recursos ni ideas, y ni siquiera sé qué debería ser hecho para traer sonrisas a esta vida.
Me dicen que empiece por mí. ¿Es tan malo desear hacia afuera?
Sí, mi interior, lo sé. Pero es que no estoy tan rota como piensan, no es oscuridad lo que me llena. Puedo ayudar, quiero hacerlo.
Realmente quiero.
Estoy harta de esta silla, de estas paredes, de estas cadenas, de tantas miradas espectantes y ansiosas. Desconozco lo que me atrapa, pero no siento la libertad que sé que poseo. ¿Por qué sigo aquí, quieta? No lo comprendo.
Lo único que me queda es esperar, y quizás, con algo de suerte, los árboles me cuenten su secreto. Y es que no cualquiera conserva sus colores en el invierno.

abril 26, 2015

La racionalidad dice...

Lo noté. Lo había notado antes, pero esta vez soy consciente de haberlo hecho.
Me desagrada ver lo cobarde de mis propios actos, me lo reprocho.
Detesto más la casi certeza de que lo haré de nuevo.
No es por no quererte que no te quiero; es por egoísmo.
Y no sólo creo entender, sino que me parece que fue lo mejor que no me hayas elegido. No haber sido una opción siquiera parecía cruel, pero va encajando.
No creo que llegues a leer esto, y si lo haces, no dirás nada sobre ello. Otra vez.
Lo que fue ya fue, mas no se va. Sigue, por lo menos aquí.
Hubiese querido que supieras tantas otras cosas... como lo curioso que es que salgan dos lágrimas a un tiempo, y luego dos más.
Es una sincronía mágica.

Dosis: tres veces por lágrima.

No hay conexión, no existe ni llegará a darse.
Pero veo sus sonrisas, y sonrío. Oigo sus voces, y quisiera cantar.
¡Lo hacen ver tan divertido!
Poseen expresiones únicas, brillantes, que transforma en efervescente la alegría que tengo dentro. Sí, suena a locura, y así se siente. Pienso que debería ser contagioso; no, no lo que hacen, sino lo que transmiten.
Todos deberíamos tener, como mínimo, una cosa que nos haga resplandecer de aquella manera. Y debería durar tanto como queramos.
No por utopía; por justicia.

abril 25, 2015

Muñecos de papel.

Las palabras son peligrosas. Se les usa sin conocer el potencial que poseen, se dicen, se escriben, se piensan; incluso se busca mejorarlas.
No puedo quitarme el desagrado de verlas ser manipuladas por corazones que parecen vacíos, y mentes que no se muestran dispuestas a complejas experiencias. Juegan fácil, predecible, aburrido.
¿Exagero? Pueden culparme, soy exigente; inconformista por naturaleza, podrían decir.
¿Acaso no es así más interesante?
Me pinto de los colores que se me van antojando, y descuiden, puedo verles en cada tono que elijan. Pero este no es, ni será, sitio para buscar adornos. Échenme la lírica encima, que no me derrumbo; aquí no queda espacio para sentimientos de tinta.
No va en lo que escribes; lo que sientes al hacerlo lleva impregnado la magia.

abril 23, 2015

Letras.

Está hecho, pensado, resuelto, pensado otra vez, y pensado nuevamente. Cinemática mental incluida.
Entonces, ¿qué lo detiene?
Es un desperdicio, además de aburrido.
Hay tantos mundos naciendo a cada minuto, burbujean en miles de colores, estallan y giran, ayudan a otros a nacer. Deberían verse, avanzar, pero se estancan. Y de a poco se desvanecen.
Lo he visto tantas veces que la repeticion ya es automática. 
Quizás apuntaba demasiado alto...
Pero está hecho, repito, ¡hecho! Debería ser ya... y no es.
Tensión, en eso se convierte. Una frustración helada, punzante por momentos, se me sube a la cabeza y me presiona con fuerza, devastando mis ideas.
Lo tenía. Y lo perdí, no sé dónde ni cómo ni cuándo, pero ya no está. No lo encuentro.
Y lo quiero de regreso.

abril 14, 2015

Tiro al blanco.

Cómo podría pretender llenarte las horas, los días, si se me escapa la luz en cada parpadeo. 
En una fuente de sonrisas, divido mi realidad; dentro y fuera se mezclan, mas, fundidos, siguen fluyendo separados.
Por momentos, como cauce tormentoso, el exterior devora, una a una, esas partículas brillantes que quisiera sembrar. Es de mortales, supongo, la caída. Sin embargo, otras veces, los anhelos me protegen, se convierten en sólidos escudos cristalinos. El camino se ve claro, no hay pérdida real.
Pero en el cambio constante anida el caos, y su belleza es temida. 

marzo 26, 2015

Ayer.

Traigo un poco de todo guardado aquí, dentro, en silencio. Se mece y se altera, fluye, recorre despacio un camino oscuro.
Tiempos muertos se suceden, mecánicamente. 
No hay entrada, no hay salida, no hay nada: está vacío, pero no hay espacio. 
Quise marcar las pausas en cada encuentro; sonreí, soñé, bailé con cada sombra más de una vez. No fue suficiente.
Nada es suficiente.
Estoy en un mundo, una caja, oscura, interminable, solitaria. Tan familiar y desconocida...
Torrentes salados traen a la memoria un sueño monocromático. Era otra época, una sin tiempo, en la que el movimiento no existía. Abrir los ojos no hacía diferencia alguna, nada era real, no existían verdades ni certezas. El día y la noche no se conocían.
¿Era posible?
Por supuesto. Estuve allí.
Fui invitada de honor en las andanzas que se dieron, mas sólo se me permitía mirar. Caminábamos, sin ir, por túneles larguísimos, idénticos entre sí. Caminábamos, yo y mi sombra, sin movernos de nuestro sitio. 
El mundo se caía alrededor, o quizás florecía entre dulces notas de violín. 
Tal vez ya no había mundo.
Traigo un poco de todo guardado aquí, dentro, en silencio.
Y se está desbordando.

marzo 25, 2015

Minutos de hielo.

Quisiera silenciar el mundo por cinco minutos, y hacer eterna la libertad en mi mente, dejarla volar y apoderarse de todo. Sí, de todo, hasta transformarlo en algo suave y cubierto de renovada ilusión.
Por alguna razón, esta escalera comienza a ras de suelo y sigue bajando, llevándome entre recuerdos y esperanzas frustradas, dándome una probadita de fría realidad.
Puede que el mundo de los sueños no sea más que una parte, pero eso no significa que haya que subestimarlo; en él residen las bases de todas las maravillas. Cuando la fantasía y la realidad chocan, en una explosión de colores y música ensordecedora, la esencia de lo imposible se hace a un lado un momento, tan sólo lo justo para dejarle paso a una mano creadora que va saliendo de su cama, aún con ojos soñolientos, pero preparada para comenzar su faena.
Gritos y voces frívolas, castillos de naipes sumergidos en vinagre, un trozo de chocolate derritiéndose sobre la mesa. 
¿Qué sentido tienen esas palabras? 
Las imágenes incoherentes cobran vida en la sonrisa de un niño, y entierran un poco más la imaginación de aquel adulto estancado entre la razón y el deber.
No quiero renacer de mis cenizas, que para eso me duermo, y ya está.
El callejón de la próxima esquina se detiene a medio camino, preguntándose a dónde va esta suerte de escritura, qué pretende esta niña que juega a crecer en un mundo manchado. 
¿De qué sirve?
La curiosidad hace una zancadilla al sentido común, y se aventura, desesperada, hacia el infierno helado que parece presentarse.
¿Cómo pintar un mural inexistente? 
Nieve granulada entorpece mi camino.
Y vuelvo a ser yo, y no el mundo, el centro de mi atención y mis esfuerzos.

Apertura.

El principio de la aventura nos es impuesto por las circunstancias en que llegamos al mundo. Somos incapaces de elegirlas y, por ende, somos situados en un ambiente viciado, que nos moldea a su antojo, que no nos deja decidir en qué rol vamos a jugar.
Porque el inicio se convierte en problema, en la raíz que nos une a un destino ya dispuesto para nosotros.
Sin embargo, una vez que el viajero aprende a ver tras las rejas de su prisión, de una forma u otra arranca los barrotes, para experimentar por sí mismo los desastres y placeres que entorno le ofrece, viéndose, por fin, libre de su cautiverio.
O creyéndolo.

Recuerdos de un día.

Espacios de tiempo repartidos por el entorno, cada cual centrado en su propia constelación de decisiones y oportunidades. Colores que se mueven de una esquina a otra, buscando incesantemente la esencia que los identifica, tratando de lanzar el sonido correcto, de dar en el blanco.
Una suerte de fría corriente emana del centro mismo de la existencia, impulsa a recorrer los caminos inciertos del espiral carente de sentido al que han sido introducidos, sin su consentimiento, y, peor aún, sin posibilidad de escapar.

Como prefieras verlo.

Hay un escondite secreto en el cielo, a la vista de todos, pero invisible a los ojos comunes.
¿Lo conoces?
Oh, es una lástima...
Es, ciertamente, un refugio muy acogedor; un cobertor de sueños, empapado en inocencia, que se entrega por completo a la imaginación.
Nubes, les llaman.
Mas a mí me gusta verlo como un lienzo en blanco, listo para ser reflejo de mi transitorio ánimo.

Si me lees.

Un día sin fin, sin sentido, sin música.
Un día de otoño, decidí despertar.
El cuerpo entumido suplicaba movimiento;
la consciencia se abría como una flor.
Un día callado, grisáceo, en secreto.
Un día, sin más, salí a caminar.
De un salto me sacudí quinientos pesares;
con una sonrisa borré quinientos más.
Ahora duermo, es cierto, pero no es agravante.
Ahora duermo, y sueño, para después reiniciar.
No hay prisa, no hay llanto, no hay temor.
Ahora duermo, es cierto, pero te veo y me ves.
Y un día de estos, volveré a pasar.
Un día, una noche, te voy a encontrar.
Quizás, mañana.