Está hecho, pensado, resuelto, pensado otra vez, y pensado nuevamente. Cinemática mental incluida.
Entonces, ¿qué lo detiene?
Es un desperdicio, además de aburrido.
Hay tantos mundos naciendo a cada minuto, burbujean en miles de colores, estallan y giran, ayudan a otros a nacer. Deberían verse, avanzar, pero se estancan. Y de a poco se desvanecen.
Lo he visto tantas veces que la repeticion ya es automática.
Quizás apuntaba demasiado alto...
Pero está hecho, repito, ¡hecho! Debería ser ya... y no es.
Tensión, en eso se convierte. Una frustración helada, punzante por momentos, se me sube a la cabeza y me presiona con fuerza, devastando mis ideas.
Lo tenía. Y lo perdí, no sé dónde ni cómo ni cuándo, pero ya no está. No lo encuentro.
Y lo quiero de regreso.
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