Cómo podría pretender llenarte las horas, los días, si se me escapa la luz en cada parpadeo.
En una fuente de sonrisas, divido mi realidad; dentro y fuera se mezclan, mas, fundidos, siguen fluyendo separados.
Por momentos, como cauce tormentoso, el exterior devora, una a una, esas partículas brillantes que quisiera sembrar. Es de mortales, supongo, la caída. Sin embargo, otras veces, los anhelos me protegen, se convierten en sólidos escudos cristalinos. El camino se ve claro, no hay pérdida real.
Pero en el cambio constante anida el caos, y su belleza es temida.
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